El tiempo de Dios.

Por Carlos Humberto Ramírez. (Jóvenes con Decisión FCPYS-UNAM)

«La Biblia no es simplemente un libro que se lee para informarse, se lee para transformarse.» John MacArthur

¿Cuál es y cuándo es el tiempo de Dios? Esas son las  cuestiones inmediatas cuando reflexionamos acerca del tiempo de Dios.

El tiempo es tan importante en nuestras vidas que determina lo que hacemos, haremos o hemos dejado de hacer. Sin embargo, para poder entender el tiempo de Dios tenemos que reconocernos como seres imperfectos delante de ÉL; ello implica reconocer también lo imperfecto de nuestras concepciones, en este caso, de lo imperfecto de nuestra concepción del tiempo. En cambio, el tiempo de Dios es perfecto, es eterno porque no tiene principio ni fin.

Es entonces cuando entendemos que hay que acoplarnos a lo que Dios quiere para nosotros, hay que aprender a esperar en Cristo. Efesios 1:4-2 refuerza lo anterior, vivir en santidad y sin mancha (vv.4) es esperar en Dios, ya que Él mismo nos escogió para ser santos y en esa misma línea es que sabemos que guardarse en santidad es entender el propósito de Dios para nuestras vidas. Guardarnos para Dios, también es guardarnos de nuestro yo y todo lo que ello implica.

Luego entonces, apartarse del mundo, de los deseos de la carne, es querer vivir conforme al tiempo de Dios. Y si el tiempo es importante para el hombre, nosotros debemos reservarlo para Dios. Eclesiastés 3:1-10 nos exhorta, (vv.9)

¿Qué provecho le damos a las cosas en que usamos el tiempo?

¿Qué has hecho con el tiempo que Dios te ha permitido?

El tiempo es para expresar lo que Dios ha hecho en nuestra vida, su amor.

Es pues, menester, aprender a estar en comunión con Dios para no afanarse por las cosas que no conocemos, porque si lo que conocemos produce ansiedad, cuanto más lo porvenir, lo desconocido.

En consecuencia, el tiempo no es para gastarlo en afanes y ansiedades pasajeras, sino para invertirlo en el reino de Dios. Mateo 6:25 nos habla del “alimento y vestido”, los cuales son tangibles, materiales. Ello suele ser nuestro deseo, tener posesiones, aunado a esto nos preocupamos constantemente por cómo nos ven o que pensaran de nosotros. “La vida y el cuerpo” en el mismo versículo representan el templo del Espíritu Santo. Así es como surgen las preguntas más que nada examinadoras. ¿Le dedicamos tiempo a Dios? ¿Cuidamos nuestra relación con Dios o con los hombres?

Regresando al afán, su Palabra nos dice que por más que nos afanemos Dios ya tiene preparado lo que seremos y lo que vendrá para nuestras vidas (Mateo 6:27) ¿Qué diremos entonces, añadiremos algo que Dios no haya puesto en nuestra vida?

Y es que como carnales, no dejando vivir a Dios en nuestras vidas, nos aferramos a cosas que no son para bien. Sin embargo, todo lo que viene de ÉL, y aun las circunstancias que vivíamos estando en ÉL, son para bien.

Los que desconocen a Dios, están apartados de la seguridad que hay en Cristo, sus vidas están asiduamente presionadas por sus pensamientos y temores de lo que les depara. Piensan, planean y analizan su futuro sin saber lo que en el mañana pudiera ocurrir. Nuestro Señor nos dice en Mateo 6:33 que si sabemos esperar, sabemos que Dios tiene nuestra prioridad principal a la hora de agendar nuestras actividades.

Hay que hacer sacrificios que nos cuesten, lo que significa poner a Dios en el centro de nuestras vidas, decirle NO a cosas que nos gustan por puro capricho.  El obstinarse por el día de mañana nos encadena día tras día, nuestro corazón se vuelve triste e inseguro y al final se desgasta. Eclesiastés 3:11 dice que “Todo lo hizo hermoso en su tiempo”, el día de mañana eso puede ser para nosotros una familia, un trabajo en la iglesia, un trabajo secular que nos guste; sí confiamos en Dios, el día de mañana será hermoso a su tiempo.

Ciertamente lo hermoso de Dios es incomprensible porque Dios mismo es más grande que nosotros. Sus misterios son inescrutables, dicen. Sin embargo, no se trata de entender a Dios, se trata de vivirlo, de que sea el anhelo de nuestro corazón. El siguiente versículo del mismo texto dice “no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida”, allí se expresa Dios y allí está nuestra necesidad. El ser felices con Dios no es pasajero porque su felicidad no es como la de los hombres ya que “ha puesto eternidad en el corazón de ellos” vv.11.  ÉL dignifica nuestra persona conforme a su corazón.

El poder y la felicidad del hombre si son pasajeros, empero lo que es de Dios ha de permanecer. El vv.15 declara “lo que ha de ser, fue ya”, es decir, no concebimos nuestro futuro pero ya ha sido hecho por nuestro Señor, él es el principio y fin.

Guardemos entonces esta palabra. Dios te permite leerla y entenderla. Adentrémonos en su conocimiento y fortalezcamos nuestra comunión con Él, la cual nos lleva a ser santos y sin mancha. No hay mejor forma de usar nuestro tiempo que en Dios; al punto de que ÉL mismo formará nuestro carácter, y sobre todo garantizará nuestro porvenir como un porvenir fructífero y conforme a Su voluntad.

“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.” Juan 3:30

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